domingo, 27 de abril de 2014

MADAME BOVARY (1856) DE GUSTAVE FLAUBERT (1821-1880)


Hablar de Flaubert es hablar de un genio. Esta genialidad se deja descubrir ante nuestros ojos a través de las páginas de una de sus novelas más importantes: Madame Bovary. Esta novela constituye su primera gran novela, haciéndolo ingresar al mundo de la literatura por la puerta grande. Por supuesto, la mayoría de sus contemporáneos no supo apreciar este magno monumento literario.
La historia que nos cuenta Flaubert, es una historia como pocas, envolvente de principio a fin. Una novela que siempre te deja con ganas de más. Es, pues, una novela perfecta, cargada de exquisitos personajes como lo son Charles Bovary, Rodolfo Boulanger, León Dupuis, el farmacéutico Homais…, todos ellos encabezados por la siempre bella y seductora Emma Bovary.
La historia de esta mujer nos arrastra a un mundo exótico, en dónde cada personaje nunca es lo que parece ser. Ella no es la mujer que engaña a su marido por haberse aburrido de él, ella es la mujer incomprendida y desatendida por su marido, un médico que se desempeña mediocremente en su trabajo, ella es la mujer que sueña con un príncipe azul que le de la vida que se merece. Ella es la mujer incomprendida y condenada por su sociedad: una heroína sin admiradores. Claro está que hoy por hoy, ella, Emma Bovary, antes apellidada Roualt, la mujer que enamoró a Charles, a León, a Rodolfo y a un sinfín de hombres, cuenta con una gran estela humana de seguidores que se confiesan perdidamente enamorados de ella y entre los cuales, yo, humilde servidor, me incluyo.

Déjate atrapar por esta mujer, déjate seducir. Nunca te olvidarás de ella, jamás te arrepentirás de conocerla.

sábado, 26 de abril de 2014

EL CHUPETÍN ENTRE SUS LABIOS (Capítulo uno).



“Mujeres como ella existen para que idiotas como yo aprendan a ser buenos amantes”. No recuerdo donde fue que escuché esa frase; ni siquiera recuerdo si la escuché o la leí. Solo sé que ella era una de esas mujeres. Solo sé que con ella aprendí lo que sé y que soy lo que soy gracias a ella. Y le estoy muy agradecido por eso. Entonces yo tenía diecisiete años y me mantenía virgen. Y era casi un adicto al onanismo, pero ella logró evitar que cruzara la frontera entre normalidad y adicción, cosa por lo que también le agradezco. 

La conocí en la academia donde me preparaba para ingresar a la universidad. De hecho, era mi segundo ciclo en esa academia. Ya había postulado una vez a la universidad, postulé a la carrera de ingeniería civil obligado por mis padres; felizmente no ingresé. Así que en este segundo ciclo me preparaba para lo que de verdad me apasionaba: el periodismo. Desde niño soñaba con aparecer en esa bendita caja llamada televisor, ¡deseaba ser un Hildebrand! Por supuesto, mis padres no sabían nada de nada. Ambos tenían a la prensa como “la industria del chisme”, término que era bastante aplicable a nuestra aparatosa prensa amarillista. El punto es que en aquel ciclo la conocí.
Era lo que se dice “un mujerón completo”. Una mujer con un cuerpo casi irreal; pero felizmente era muy, muy, muchísimo, real. Un cuerpo capaz de provocar una erección a un impotente, un cuerpo no apto para eyaculadores precoces, un cuerpo capaz de transformar puritanas a lesbianas, un cuerpo que volvía a los hombres unos quirómanos compulsivos, un cuerpo que revierte invertidos, un cuerpo imposible de describir con palabras. Imagínense a la mujer más hermosa, con el mejor cuerpo que sus mentes puedan recrear, pues bien, esa mujer que se han imaginado no llega a ser ni la punta de la uña del dedo pequeño de su pie. Ella era una especie de entelequia, una utopía existente, un ser que desafía los límites de la irrealidad.
Era el primer día del ciclo. Yo había llegado temprano al salón; pensé que sería el primero en llegar, pero cuando crucé la puerta, ella ya estaba allí, sentada en una carpeta al fondo del aula. Tenía un chupetín en su boca, y lo chupaba, y chupaba, y chupaba; y yo – ¡ay, ay, ay, uhmmm! – observaba como esos labios carnosos mantenían prisionero esa cabeza, cabecilla roja, mientras el habitante en mi entrepierna volvía a la vida.

Ella, mujer de mente despierta, notó mi erección. Yo noté que ella lo notó; ella notó que yo había notado que ella lo notó; y yo, al notar que ella había notado que yo había notado que ella lo había notado, no hice sino sonrojarme. Y la erección seguía en su lugar; podía sentir como se endurecía más y más a cada segundo. Y en la mirada de ella podía adivinar que también lo sentía, o al menos imaginaba lo que se sentía. Y, como queriendo averiguar cuánto más podía resistir, empezó a sacar muy lentamente el chupetín de su boca, sus labios carnosos estaban rojos, rojísimos, y luego, más lento aun, lo volvía a introducir en su boca.
¡Por dios, mi falo estaba súper tieso! ¡Tan tieso que hasta dolía! Debía detenerlo; pero ¿cómo?

–Disculpa… debo… debo… ir… al… baño… –debía hacerlo: salir de ese lugar o mi verga, mi verga preciada, explotaría. Salí del salón con un andar de pato culeco, levantando un poco el tarsero hacia atrás, tratando casi en vano de esconder la erección.

Entré a los servicios tan rápido como pude y me encerré en uno de los baños; desabroché mi pantalón, lo saqué y lo observé: grande como nunca en mi vida, una cabeza al rojo vivo, un cuerpo cuyas venas palpitaban casi hasta el estallido. No sabía qué hacer para detener la erección. ¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer?  Intenté echándole agua a mi cabeza, mis dos cabezas (ustedes entienden), pero no funcionó. Intenté pensar en algo horrible, asqueroso, pero lo único que venía a mi mente eran esos labios que envolvían aquel –demasiado afortunado– chupetín. No sabía qué hacer.

Y la respuesta llegó: en una de las paredes del baño estaba garabateada una frase que rezaba “la masturbación hace perder la memoria y otras cosas más que no recuerdo”. La masturbación. Eso. ¿Cómo no se me había ocurrido, siendo yo un antiguo manuelero? Y sin más ni más; empecé. Al principio fui lento porque mi pene me dolía demasiado como para samaquearlo a ritmo de maracas. De pronto –uhmmm, uhmm, uhmmm, uhmmmmm, aaah, aaah, ahh– ella asaltó mi mente; no pude evitar imaginarla allí conmigo, con sus labios aprisionando mi… uhmmm, aaah, aaahhh, aaahhhh, uuhmm… su lengua recorriendo la… ¡Era demasiado, esta mujer me tenía embrujado! Cada vez iba más rápido, ya no me importaba el dolor. Ya no me podía controlar. Y el orgasmo llegó a mí. Fue el mejor que había experimentado como resultado de una paja. Fue el mejor hasta entonces. Fue como una explosión en mi interior. Tan extraordinario que gemí y aullé de placer. Estaba seguro que había experimentado una súper eyaculación, tan rápida y violenta que mis pobres cabezoncitos deberían estar muertos del solo impacto contra la tapa del retrete, pues allí fueron a parar todos sin excepción, ya que mi mano estaba inmaculada, libre de todo rastro de mi semen.
Volví a observar mi miembro: ya no estaba rojo, ahora era morado. Estaba haciéndose flácido nuevamente. 

Una vez vuelto todo a la normalidad, guardé al soldado en mi pantalón, abrí la puerta del baño y me encontré con los ojos de un chico que de seguro había escuchado mis gemidos. De seguro ustedes también habrán sentido esa sensación de vergüenza tras ser descubiertos in fraganti. Solo atiné a lavarme las manos y salir de los servicios. Pero una vez fuera me invadió un ataque de risa. ¡La impresión que se habrá llevado aquel chico!

Cuando regresé al aula ya casi todas las carpetas estaban ocupadas. Solo entonces me acordé de mi mochila. ¿Dónde estaba? No la había llevado conmigo a los servicios. Debí haberla dejado en el aula antes de salir. Me moví entre las filas y la encontré en una carpeta junto a… ¡ella! ¡Ella la había puesto allí, quería que me sentara a su lado! ¡¿Es que acaso quería provocarme otra erección?! Fui hasta la carpeta y me senté, tratando de no mirarla. Ella estaba a mi izquierda, a mi derecha había otra carpeta vacía. En ese instante entró alguien al aula y se sentó a mi lado. ¡Era el chico del baño! La vergüenza volvió a mí. 

Preferiría que la tierra se abra a mis pies y me trague entero.
El profesor ingresó al salón y, cuando después de haberse presentado como nuestro profesor de historia y geopolítica, comenzó la clase, ella se acercó a mí, y, con sus labios casi rozando mi oreja, preguntó:

– ¿Qué tal tu polvo en solitario?

Entonces comprendí que aquella mujer estaba a punto de cambiar mi vida por completo, si es que no lo estaba haciendo ya.

Noel.

jueves, 24 de abril de 2014

¿POR QUÉ SE SIGUE JODIENDO EL PERÚ?


Es viernes por la tarde; y tendré que escuchar las dulces palabras de mi madre a través del imprescindible aparato digital; le hablare de mi amor platónico hacia una joven, y de la forma en como desconcentra y aturde mis sentidos. Esta adquisición del romanticismo en mis neuronas, está siendo percibida por las personas que viven conmigo; mis actos demuestran como estoy, pero  no es fácil saber que amo con la esperanza de que me dé una sonrisa y el sí de su corazón; pues el que ama sin esperanza, está tocado por la idiotez y devastación, además sería quedarse a esperar una lluvia en el Sahara. A Chirly en cambio, no le interesa el deseable fatalismo romántico por el cual estoy atravesando; está convencida de que son las seis de la tarde, y que en la televisión empieza lo mejor. Johanna San Miguel finge en su programa, ser la jueza de una sala constitucional de lima; impartiendo hipócritamente autoridad para hacer justicia frente a un problema entre los dos bandos de su programa, sucio y asquerosamente armado desde la producción. De pronto Johanna improvisa una pelea, contra una integrante de las tribus o bandos; Jazmín Pinedo; producto de un libreto armado. ”Estas hablando desde afuera”, “respeta Jazmín, respeta Jazmín”, dice ella seriamente. Y Jazmín fingiendo un carácter irritado, responde: “tú crees que puedes faltarme el respeto a mí”. 


En las noches; el único espacio nocturno que inducia mi distracción, con cosas que a mí me gustaban, y que sustituían lo último en telecomunicaciones, era el fenecido y sepultado programa “Prensa Libre”, de Rosa María Palacios, despedida de américa tv en el 2011, por un bajo rating. Ahora todo se basa en lo chicha, en la repetición de formatos vulgares en todos los canales, pero tenemos que esclarecer que el término chicha, es visto como una cultura que no tiene el nivel de aquellos que pueden gozar y estar preparados para consumir un tipo de cultura compleja. En un mismo horario; el menú nocturno de los canales de televisión abierta de mi país, empieza a extenuarme con su reiteración audiovisual; en Frecuencia Latina, Carlos Galdós, que para mí es el mejor monólogo del país; se presta para los toscos diálogos armados con la producción en “La noche es mía”. En ese mismo instante, en Panamericana tv, Aldo Miyashiro, rescatable guionista y actor del cine peruano, se disfraza del alumno novato junto con sus reporteros y asistentes, escenifican una escuelita de conocimientos alborozados, para maquillar su verdadera finalidad, que es seguir la reincidencia de las diez de la noche, esto es : “Enemigos Públicos”.
En los años 90; los diferentes medios de comunicación fueron duramente criticados (en un mayor porcentaje a los medios impresos); tuvo a la televisión  en el centro de cuestionamientos, por parte de los diferentes grupos políticos adversos al régimen de Fujimori Fujimori. Se comentaba que los titulares en los noticieros eran construidos, fingidos, financiados por el fiel asesor presidencial y cabeza del SIN; para hacer quedar mal a la oposición del gobierno fujimorista o encubrir una inestabilidad política. Bastaba encender la televisión; y ver los principales noticieros, para encontrarnos con situaciones de agresividad sin límites dentro de una familia y hasta su repercusión en el todo social; apelando al morbo para captar las diferentes emociones de las personas, como lo hacía la señora Laura Bozzo. Entonces podríamos hacer la siguiente pregunta: ¿Qué diferencia hay entre la televisión de hoy, con la que se difundía en el tiempo de Fujimori?. Pero tenemos que rememorar nostálgicamente la década de los noventa; el conflicto interno que se vivía en nuestro país, producto de la anarquía desarrollada por Sendero Luminoso y el movimiento Revolucionario Túpac Amaru; cooperaban a que los principales noticieros de la televisión, exhibieran la brutalidad de estos grupos subversivos, sangre derramada en el asfalto; torres alta tensión derrumbadas; dirigentes de pueblos jóvenes, estudiantes y profesores, asesinados.

Lo que no podemos ocultar es que hasta hoy en pleno siglo XXI; nuestra televisión a través de los distintos noticieros nacionales, nos siguen presentando el mismo menú en el desayuno, almuerzo y cena, como hablan las abuelas. Y los titulares son: “José Palomares Rondón se sumó a la mujer de 63 años que murió tras el impacto entre una combi de Orión y una coaster”; “conmoción por el hallazgo de dos ancianas muertas”; “violador de una menor de edad fue condenado a treinta años de cárcel”; “el valor de la verdad, de flor polo lidero la sintonía”. No tengo mucho que solicitar de la carta, en un menú que desde mi punto de vista siempre trae lo mismo, sangre, muertos, violaciones, cuitas familiares, y lo peor de todo, farándula que pelea en la mendacidad más sucia, formando un psicosocial. Es verdad que actualmente la función que cumple el reportero en el periodismo, es visto con resentimiento desde una facción poblacional; por mostrar de una manera dramática la narración de noticias que ocurren dentro de la realidad de nuestra sociedad, por fomentar la violencia en los principales noticieros y en algunos casos banalizar la muerte, violación, secuestro,  etc. De una forma u otra, la noticia es noticia; sin embargo no podemos crear dentro de nuestro entorno social, el miedo, el pánico. Donde el salir a la calle para interaccionar con los demás miembros sociales, sea hoy en día visto como el sitio que debemos evitar en todo momento, pues el temor a ser asaltado, atropellado, secuestrado o asesinado por un sicario, se convierte en algo común que debemos eludir. Los medios de comunicación deben trabajar junto con las diferentes instituciones estatales; para buscar soluciones a los diferentes conflictos sociales que se presentan en nuestra realidad; ver a la delincuencia no como algo que se debe eliminar con la pena de muerte, sino como un problema social que involucre trabajar organizadamente, a todos en general para encontrar el bienestar social. 

La pantalla peruana está convirtiéndose en una jungla de “combate” y “esto es guerra”; con jóvenes  musculosos, bronceados, pintosos que rivalizan en pruebas físicas, agregando historias de amor y peleas tejidas desde la producción. Esto instaura paradigmas dentro de nuestra comunidad, sin discriminar condición económica, edad, sexo. A mi parecer el joven peruano es el más afectado, en la formación de su identidad, el respeto a la dignidad de sí mismo y los demás. Esto se traduce en la búsqueda de perfeccionismo físico, cirugías plásticas; obsesión por poseer una imagen figurativa, aventurándose con la salud y batallando en la familia, por poseer dinero. El nuevo modelo, el ideal peruano; es visto por la juventud, como un tipo astuto, hábil, musculoso para ser exitoso; no es muy importante la persona intelectual que sobresale por su trabajo. 
El  espacio televisivo debe tener más debate sobre temas de interés nacional. La libertad que tienen los medios para expresarse; debe contribuir en la formación y educación de niños y jóvenes, y entretener de manera saludable a los demás. Cuando empezamos a informarnos sobre la televisión en otros países, podemos encontrarnos con una televisión parecida; pero hay una educación de primera calidad, partidos políticos consolidados, espacios de discusión y propagación de información y cultura; neoliberalismo distribuido en toda su dimensión territorial. Los grandes temas que deben importar a nuestro país, están ausentes; no conocemos temas de fondo, con respecto al desarrollo sostenido y eficiente que debemos realizar; ni siquiera podemos entender lo que significa la mentada inclusión social del señor Ollanta Humala y el peligro de un camuflado grupo subversivo llamado Movadef. En la época de Fujimori había una oposición real a los antagonistas; y ahora se está construyendo ciudadanos que pierden la capacidad de indignación, personalidad, preocupados por si mismos; es decir la sociedad se está desintegrando. Los grandes empresarios de la televisión; poco les importa el impacto en la salud mental y formación cultural de los jóvenes  con los programas que se difunden actualmente; saben que en este negocio el rating y el dinero les da de comer. En el estado peruano, es difícil confiar en una autoridad; adolecemos de una institucionalidad para regularizar la transmisión de programas, además sería peligroso que lo hiciera, pues perfilaría como control de medios, antidemocrático, atacar al liberalismo con una daga.
Eres libre de elegir lo que deseas ver, y libre de saber qué hacer con lo que ves; con una televisión que no quiere asumir metas grandes y comunes para nuestra sociedad, me parece que somos un país que nunca estuvo completamente preocupado, más bien despreocupado.

 Shary………………………………

martes, 22 de abril de 2014

EL DÍA QUE SE OLVIDÓ DE MÍ.


“Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido” (J.Sabina)

      Y así siguió mi vida, sin sentido, sin una idea clara del por qué tomó una excusa tonta y se fue, ¿acaso había alguien más?, eso era lo más probable, en todo caso ¿quién era ella? , sería más bonita, más inteligente, ¿qué le da que no le pueda dar yo?, todas estas preguntas flotaban en el aire, al mismo tiempo que mis pies no podían tocar el suelo.

Me preguntaba, como los meses más felices de mi vida, habían terminado de pronto, sin algún aviso, sin un motivo elocuente o al menos alguno que sea capaz de creer, quizá como Tom –en 500 días con ella- uno puede crear un mundo perfecto, pero idealizar a una persona nunca resulta ser bueno,  a menos que seas Dante Alighieri con su musa Beatriz o que te consideres un romántico tardío y digo tardío porque en esta época, los románticos están en extinción.

Yo sabía que había hecho todo bien, le di mi tiempo, mi cariño, mi comprensión, lo apoyé cuando nadie más lo hizo, nunca vi venir la ola, ella simplemente me revolcó.

Para Tom los días junto a ella –Summer- eran perfectos, les gustaba la  misma música, compartían casi todo, sencillamente ella era la mujer perfecta para él, pero el vendaje termina por ceder tarde o temprano, ya sea porque empiezas a mirar con objetividad o sencillamente porque te lo refriegan en la cara, te lo dicen de frente y sin anestesia como en el caso de Tom, en mi caso fue más ridículo, una teoría sin argumentos, poco convincente y que te deja un sin sabor horrible.

Descubres entonces que es parte de esta vida el sufrir. Quizá a la vuelta de la esquina se encuentre otra alma capaz de querer con la misma pasión e intensidad que tú, no sé si estamos hablando de amor, creo que sería más factible hablar de la necesidad de sentirnos queridos.

 La soledad suele ser una buena compañera durante un tiempo, pero como todo en esta vida, termina por cansar, no tardamos en buscar cosas nuevas, sentimientos distintos, es jugar a la ruleta o subir a una montaña rusa, sentir ese vaivén de sentimientos encontrados, esas ganas de sentir tu corazón latir a mil por hora, de esperar la hora indicada, los abrazos, los besos que lo dicen todo, es ver la vida de una manera distinta.


Es tonto lo sé, pero eso a lo que llamamos “amor” es sencillamente una enfermedad que aunque dolorosa, siempre queremos sentir, una y otra vez, crea adicción y lo peor es que; “no se ha descubierto la cura”

#ELIZA

CAÑARIS QUEJARÁ AL ESTADO POR NO CUMPLIR ACUERDOS

CAÑARIS QUEJARÁ AL ESTADO POR NO CUMPLIR ACUERDOS. Así tituló hoy el diario la república a la queja que vienen presentando los comuneros de San Juan de Cañaris. El abogado de dicha localidad, Wilfredo Chero Villegas, indicó que el Estado no habría cumplido acuerdos establecidos con la comunidad en cuanto a la actividad minera, y aunque sostiene que no son anti mineros, afirman que el proyecto no es viable puesto que generaría un gran impacto negativo al medio ambiente y al desarrollo cultural.

El representante legal afirmó el repudio de la comunidad a las manifestaciones brindadas por parte del viceministro de Minas, Guillermo Shinno Huamaní, quien señaló que la consulta popular que rechaza la actividad de Candente Copper en la zona no sería definitiva para las labores de la minera en dicha localidad, considerándolas “ tendenciosa, arriesgada y peligrosa”.

Indicó que es una irresponsabilidad del Estado brindar declaraciones, debido a que el gobierno no habría aceptado aplazar el tema ambiental hasta que la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH) resuelva la demanda y la medida cautelar interpuesta por la comunidad.
“No queremos derramamiento de sangre, ni protestas ni conflictos, pero exigimos el respeto debido a los pactos establecidos” – declaraba Chero para la República.

Por otra parte la comunidad ha convocado a una asamblea para el próximo 5 de mayo, en ella se tomará el acuerdo de iniciar una jornada de protestas para retirar a Candente Copper del lugar según reveló el defensor para el diario; los comuneros temen el daño que pueda causar al medio ambiente y a las especies que son fuente de vida, y de los pobladores, como parte de la agricultura y ganadería que también se vería afectadas por la inminente contaminación; quién además afirmó que denunciará a la empresa en Canadá.

Segundo.

domingo, 20 de abril de 2014

A VECES LOS GRANDES AMORES, MUEREN SIN EMPEZAR.


Unos ojos vidriosos a punto de romperse, unas páginas web que leer para un curso universitario que hasta ahora no ha logrado despertar mi interés, una mirada que refleja las ganas de sentir vibrar el celular con un mensaje suyo o tan solo ver aparecer su nombre nuevamente entre mis contactos de la red social que mueve la vida humana. A cambio de eso que nunca llegará, tengo frente a mi a quien intenta robarme una tonta sonrisa cada día. 

Mis oídos se deleitan una y otra vez con la canción que identifica este corazón, ¿será que podrá existir un JUEVES para mi?, mi mente no deja de repetirme que mañana es día de estudios, que debo ir a dormir y dejar de pensar más en él. Tengo que expresar lo que siento intentando limpiar así mi alma, que guarda la tristeza por lo que nunca fue y una sonrisa por lo bonito que pudo ser. ¿Acaso a nadie nunca le pasó? Y por qué entonces me siento la única, primera y última en sentir las consecuencias así. 

Hoy no lo culpo a él, me culpo a mi por darle a mis sentimientos la libertad de elegir, por ser alguien a quien le importen los por menores de toda situación. Luego analizo y he llegado a la conclusión de que tal vez si existe el karma; son incontables las veces que he lastimado buscando una menor herida pero la vida me da el doble de lo que yo di. No soy una víctima ni quiero sonar como tal, sólo es una nostalgia que recordará mi corazón. 

El amor es algo bello para quienes lo han encontrado y como lo dicen mis amigos escribidores lo necesitamos para vivir, pero simplemente no creo que haya sido hecho para mi.


Twone

ANTOLOGÍA DE UN SOÑADOR

Desde sus primeros cuentos publicados en el diario El Espectador –los cuales luego serían recopilados en su libro Ojos de perro azul–, hasta su última novela, la siempre conmovedora Memoria de mis putas tristes, Gabriel García Márquez, a quien sus amigos solían (¡qué triste tener que decir solían!) llamarle El Gabo, no ha hecho más que darnos todo de sí, a veces mucho más de lo que se le pedía, para cautivarnos con

historias llenas de maravilla, fantasía, rodeadas por un ambiente mágico y llenas de personajes que, una vez conocidos, quedan gravados en nuestras memorias como si hubiesen sido cincelados sobre la roca. Las historias que durante tantos años nos ha regalado García Márquez son, pues, historias que nos envuelven desde la primera línea, haciéndonos prisioneros de ese universo narrativo que nació a partir de una simple idea, de un sueño –el sueño de contar historias, precisamente–, y cuyos materiales de edificación fueron tan solo una pluma y un papel.


Desde sus primeros libros, tales como La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba, La mala hora o Los funerales de la Mamá Grande, García Márquez nos sumerge en un mundo donde el tópico es la soledad de sus protagonistas: el médico rechazado por las personas, el coronel sin pensión ni dinero, con un hijo muerto y con tan solo un gallo de pelea ya viejo, al cual no puede dar de alimentar. Desde ya, en estas novelas y cuentos, el lector puede percatarse de la existencia de un pueblo mítico, pueblo que se nos revela en Cien años de soledad: Macondo, la ciudad de los espejos (o los espejismos). Esta novela constituye, para muchos, la cumbre de El Gabo, aunque luego el diría que, en su opinión, “su” novela era El amor en los tiempos del cólera.

El propósito de García, no era otro que el de contar una historia. Pero no una simple historia; una historia en donde pasara de todo. Y vaya que lo logró. La trama se ve enriquecida por grandes sucesos, algunos dentro de la cotidianidad de la vida, y la gran mayoría, sucesos que escapan a nuestra realidad: una lluvia de flores amarillas, la resurrección del gitano Melquiades, la beligerante reproducción de los animales que criaba Aureliano Segundo junto a su concubina Petra Cotes, el diluvio de cuatro años, once meses y dos días, la subida al cielo de Remedios, la bella , la guerra civil liderada por el coronel Aureliano Buendía, guerra que pareciese nunca llegar a su fin…, sucesos que encuentran su punto culminante en el nacimiento del épico niño con cola de puerco y la posterior catástrofe que pondría fin a la historia de Macondo. En fin, una historia bien lograda.

Posteriormente nos entregaría La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su desalmada abuela, inquietante historia en donde una joven se ve obligada a prostituirse para reparar monetariamente el daño causado a su abuela por haber sido la “culpable” de que la casa en donde vivían se incendiara. El otoño del patriarca es una novela reflejo de la realidad de una época convulsionada por las dictaduras latinoamericanas: Pinochet en Chile, Odría en Perú, Trujillo en República Dominicana…

Luego vendría el relato en donde mejor resalta su labor periodística: Crónica de una muerte anunciada. Este relato constituye todo un alarde de técnica narrativa, pues teniendo una trama sencilla y hasta melodramática (un novio rompe con su prometida, esta se casa con otro y en la noche de bodas el marido descubre que ella no era virgen decidiendo abandonarla, los hermanos de ella culpan a su antiguo enamorado y avisan a todo el pueblo de que lo iban a matar, excepto al interesado: toda la novela transcurre en unas horas), logra mantener intrigado al lector, intriga que se mantiene hasta el final del libro.
Después nos cautivaría con Relato de un náufrago (cuyo título completo es Relato de un náufrago que estuvo diez días a la deriva de un barco sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por reinas de belleza, hecho rico por la publicidad y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre), y, años más tarde, con la inolvidable El amor en los tiempos del cólera: historia que nos narra el desvariado romance entre Florentino Ariza y Fermina Daza, romance que solo se ve realizado después de poco más de medio siglo de haberse iniciado.

Así, García Márquez nos ha entregado joyas como El general en su laberinto, Doce cuentos peregrinos y Del amor y otros demonios. Y a inicios de este siglo nos conmovió con una entrañable novela corta: Memoria de mis putas tristes. Un anciano periodista encuentra el amor a sus noventa años, en una niña de catorce primaveras que para ayudar con el sustento de su familia, decide prostituirse: una oda a la mujer y la virginidad. No debemos olvidar que Gabriel García Márquez no solo destaca como escritor, sino también como periodista (resaltando su libro Por la libre), además de libros autobiográficos y memorias: Cuando era feliz e indocumentado, El olor de la guayaba y Vivir para contarla.

En fin, El Gabo es, hoy y siempre, un gigante de las letras.

Noel.